Vivir no es posible.
Dejó un boleto inútil
antes de respirar el gas,
antes de reunirse con el caos.
Era mi amiga. Era una pendeja.
Tenía 16 años apenas.
Vagamente psicodélica
su playera en aquella época.
Antes de perderse en el punk,
antes de perderse en el crack
anduvo con un neonazi
que conoció en una pelea.
Y no obstante las bombas
cercanas y el hambre,
a pesar de las minas,
sobre la hoja dejó
palabras negras de vida:
"La guerra terminó.
Por siempre terminó.
Al menos para mí"
Emocionalmente inestable,
viciada e insensible.
El profesor la cagó.
Y un ojete la inculpó
durante un robo a la Esselunga;
lloró, no le gustó para nada.
Y no obstante las bombas
en la televisión,
a pesar de las minas,
la pluma escupió
palabras negras de vida:
"La guerra terminó.
Por siempre terminó.
Al menos para mí"
Y no obstante su madre
enloquecida y su padre,
a pesar de Belgrado, América y Bush,
con una Bic perfumada,
cual actriz arruinada:
"La guerra terminó"
Escribió eso.