Bienvenidos al tercer milenio,
decía hoy la tele.
Presentadoras con sonrisas crueles
enlistaban las cosas por tener
para ser parte de una global
torre de Babel.
Desde mi dúplex
veo paredes y diseños ilegales,
dos metros más arriba,
en carteles publicitarios
de varios accesorios para definir quién eres:
computadoras, motores,
celulares, bikinis y Megan Gale.
Sonríe, niña, el futuro ya está aquí,
seguro el año que viene la lira desaparecerá;
un billete unirá una gran comunidad que gasta.
Hay movilidad en occidente,
la libertad se vende.
Los ricos siempre más ricos, un ejemplo para muchos.
Y no tenemos derechos;
nos medimos solamente con base en el
dinero.
Mira cuánto
dinero.
Toma todo el
dinero.
Pero a mí no me basta;
mi razón
no es esta.
Pero nosotros rezamos
por el dinero,
debes hacer dinero,
vemos sólo el dinero.
Pero a mí no me basta,
lo creas o no,
no soy un número.
Dulce vida aquí en Babilonia,
cada quien es lo que tiene.
Dulce vida aquí en Babilonia,
cada quien es lo que tiene.
Yo quiero otro motivo para estar aquí,
más allá de estar in,
definido por el auto que manejo,
por el vestido al último grito,
por los directos en stream,
por las tarjetas TIM,
por la Versalia Smeralda
y las fiestas de los VIP.
Está bien para una peda, pero poco importa,
estaba ahí y les aseguro que no es como lo cuentan.
Hice cada compra en ausencia de consciencia,
como un pobre diablo en abstinencia de apariencia.
Caí en el juego donde me equivoqué, lo admito.
Hoy me desperté desnudo y con un vacío en el pecho.
He visto policías movidos por la plata
y tenía zapatos manchados con la sangre de niños;
hijos matar a sus padres y explicar indiferentes
que se volvieron asesinos para estar en la televisión
y por dinero.
Mira cuánto
dinero.
Toma todo el
dinero.
Pero a mí no me basta;
mi razón
no es esta.
Pero nosotros rezamos
por el dinero,
debes hacer dinero,
vemos sólo el dinero.
Pero a mí no me basta,
lo creas o no,
no soy un número.
Pero mis ganas de vivir son muchas,
y no lo cuenta la cuenta en el banco sobre la balanza.
Ahora, si tú silbas tu desprecio, no te escucharé.
Lo sé, mis discos tienen un precio,
pero mi culo no.
Esta cara no es de boy band,
o a la caza de las tendencias.
No es que me guste,
pero me lo tomo bien como trial band.
Recibo señales en todos los canales,
los veo y no creo el los publicitarios,
ni en los noticieros imparciales.
Y me atrevo a decirlo
incluso si tengo mi publicidad,
porque el hecho de que yo sea famoso
es un caso como el del Chievo en serie A.
No creo en los políticos divos, en sus sonrisas.
No creo en mundos divididos entre buenos y malos.
Y ahora que los días de la tierra no parecen muchos
contamos los muertos sepultados,
y finalmente, estamos en guerra por
el dinero.
Mira cuánto
dinero.
Toma todo el
dinero.
Pero a mí no me basta;
mi razón
no es esta.
Pero tú me miras y ves
dinero.
Coge por dinero.
Dispara por dinero.
Pero a mí no me basta,
lo creas o no,
no soy un numero.
Dulce vida aquí en Babilonia,
cada quien es lo que tiene.
Dulce vida aquí en Babilonia,
cada quien es lo que tiene.