Larga y derecha corría la carretera.
El auto veloz corría.
El dulce verano ya había empezado;
cerca de nosotros sonreía,
cerca de él sonreía.
Fuerte la mano sostenía el volante.
Fuerte el motor cantaba.
No sabías que era la muerte
ese día lo que te esperaba,
ese día lo que te esperaba.
No lo sabías, que era la muerte.
Cuando se es joven es extraño
poder pensar que nuestra suerte
venga y nos tome de la mano,
venga y nos tome de la mano.
No lo sabías.
¿Pero qué sentiste
cuando la carretera enloqueció,
cuando el carro se salió de lado,
y sobre otro terminó?
No lo sabías.
¿Pero qué sentiste
cuando el estruendo te mató,
cuando hasta el cielo de encima tronó,
cuando la vida se fugó,
cuando la vida se fugó?
Después el silencio solamente reinó
entre las láminas torcidas.
Sobre la autopista buscabas la vida,
pero te encontró la muerte,
pero te encontró la muerte.
Quisiera saber de qué ha servido
vivir, amar, sufrir,
pasar todos tus días pasados,
si pronto has debido partir,
si pronto has debido partir.
Quiero, sin embargo,
recordarte como eras;
pensar que todavía vives.
Quiero pensar que todavía me escuchas,
que como entonces sonríes,
que como entonces sonríes.