No venía del mar
ni de los montes cubiertos de nieve
no tenía ninguna esposa
tampoco a un dios sabía rezar
no conocía ninguna lengua y para
hablar usaba un violín
que recogió a los pies de un sueño
bajo el cielo de un día lejano
Llegaba de repente a la plaza
de cada pueblo y
alrededor un montón de gente en
silencio viéndolo tocar
sus notas eran olas como si las
hubiera llevado el mar que volaban
desde las corrientes y más allá de las
orillas de las palabras.
Y como una luz nunca antes vista
que colorea las piedras y las rocas,
esa música sin tiempo ya invadía
todas las calles
abría de par en par puertas y ventanas
hasta encontrar ese deseo que dormía
dentro de cada corazón y en los rincones
de cada pensamiento.
Y las esposas desde las ventanas vieron
que estaban mal casadas,
mientras los hombres se quedaban
encantados escuchando
y las jóvenes, las jóvenes,
ellas se quedaron sin aire
mientras el viento que las vestía
se las llevaba lejos
Como vino luego se fue
y en su lugar sólo un respiro
y la música lo seguía volaba lejos
de cada sendero
bajó la noche detrás de las casas
y el silencio todo alrededor
mientras la gente cerraba las puertas
con la esperanza de volverlo a ver
Pero ya caían las primeras estrellas desde
esos ojos encendidos en un día
luego el silencio de esa noche
lentamente confundió el recuerdo
de un violín venido de la nada
que consigo llevaba el sabor
de un vuelo libre por cada cielo
sin límites y sin miedos