Si baja la noche,
si baja la noche negra,
yo no tendré miedo,
no tendré miedo.
Espero solamente que
una estrella al menos,
espero que al menos una,
brille en la oscuridad
y me ilumine el camino,
camino marcado a lo
largo de esta tierra
sembrada de trigo,
camino que marca
esta tierra donde yo nací,
sobre la cual camino cada nuevo día
que el sol me ha traído;
donde cada día yo agradezco al cielo
por esta vida que me ha regalado.
Me siento como un árbol que hunde
sus raíces en el suelo.
Pero mis pensamientos viven en el cielo
como pájaros en vuelo,
junto a los sueños que espero
en el tiempo continúen
obstinadamente sin cambiar
hasta que el corazón me conceda aún
aliento y fuerzas para vivir.
Si llega la noche,
si llega la noche obscura,
me dejaré guiar por los rayos de la luna.
Y si me será amiga la fortuna,
le pediré cerrar la puerta a la tristeza
y de correr lejos
la sombra malvada de la mala suerte.
Me siento como un árbol que hunde
sus raíces en el suelo.
Pero como ramas, mis sueños van al cielo
y juegan con los pájaros en vuelo,
que viven, viven libres cada día
bajo los colores del firmamento,
ligeros suspendidos entre espacio y tiempo
y su canto en mi mente es música.
Cuando cale la oscuridad,
cuando cale la oscuridad de la noche,
yo dejaré volar mis pensamientos como las hojas
que si se las lleva un soplo de viento
y en una correteada se van juntas,
esperando que por cada hoja ida,
en primavera nazca una nueva semilla.
Sí, espero que por cada hoja que se fue
germine en primavera una nueva semilla.